Todo es aleatorio. Puede que quizá el compás de la música, ajustándose perfectamente al ritmo de tus pasos, no lo sea. O puede que tus largas piernas alineándose con las columnas de humo de la noche encerrada en este bar tampoco. Los latidos de mi corazón se superponen extrañamente al ondular de tu pecho y la luna llena de este cielo y este preludio de invierno ilumina con sospechosa claridad el estertor de la opaca oscuridad en mi interior ciñéndola de perfumes de primavera.

Todo es aleatorio. Y así como el orden nace del caos, todo cobra perfecto sentido.

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